Alzó su callado y el cielo relampagueo.
Por primera vez en milenios, el vampiro sintió terror, mas no se amedrentó, en trescientos años no había conocido la derrota, ni siquiera cuando era un simple mortal.
El hechicero murmuraba con fuerza, inaudible para el maligno, pero suficientemente fuerza para que los elementos acudieran a su llamado.
El no muerto se abalanzó sobre el anciano hechicero a la velocidad única de las tinieblas. Para cuando cercenaba su cabeza un relámpago con la furia del infierno asestaba la marca en su frente.
Pero no, se necesitaba mucho más que la furia de los cielos para doblegar el espíritu maldito del señor de los Strigoi.
A sus pies, el cadáver humeante y destazado de ermitaño. Su cuerpo se lleno de lo más parecido que podía sentir un rechazado de Dios.
Caminó con la velocidad de un mortal. Al séptimo pasó, una nueva descarga eléctrica impacto sobre él dejándolo medio chamuscado y de rodillas.
Cuando hubo dejado de sentir dolor, comprendió, el mago no invoco un relámpago sobre el, si no uno cada siete pasos hasta convertirlo en cenizas.
Se dejó caer sobre el pasto y espero se desvaneciera el sortilegio o llegara el alba
martes, 7 de noviembre de 2017
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