Me gusta fumar los días fríos. Caminar aunque no haya a donde ir. El cielo cerrado amenaza con aguanieve. Entro a una tienda. Tomo una cajetilla y un encendedor. Salgo sin pagar, no me ven, nadie me ve nunca, no de día, a veces los niños.
Llego a la plaza Washington, el sol comienza a bajar. Llegan ciclistas de uno en uno. Una de ellos me observa. Se acerca. Me pregunta si llevo mucho tiempo sentado. No me vio llegar. Soy sigiloso, le digo.
Se llama Kathia. Huele bien. La hago reír. Fumo más. Su grupo de ciclistas esta por irse. Me pide mi número. No tengo teléfono. Le digo que la esperaré para ir a tomar algo. No me cree. La convenzo.
Tarda dos horas en regresar.
Caminamos al downtown. Encadena la bici. Su cuerpo es impresionante.
Bebemos, reímos. Pide un taxi. Llegamos a su casa. Me invita a pasar. Hacemos el amor. No estoy tan fuera de forma como creía. Quedamos rendidos. Dormidos. Su cuerpo cálido junto al mío. El sol asoma por la ventana del dormitorio. Ella despierta. No me ve. No ve mis cosas. Me llama. La contemplo en silencio.
Le cala que no "esté" lo veo en sus ojos.
Se alista para salir.
Se va. Asalto el refrigerador y pienso en alguna excusa para cuando la vuelva a ver.
Afuera hace frío y he extraviado el encendedor.
miércoles, 29 de noviembre de 2017
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