Ahí estás
despierta a las siete de la mañana
pensando, haciendo, no sé qué,
no sé
evocandome los gerundios del día sin darte cuenta.
Te imagino sentada
la sala desolada,
Te acompañan:
un café o un jugo de naranja
al costado de un pan trasnochado,
tu celular, tu cuaderno, tu pluma negra.
Imagino que me imaginas:
dormido,
trazando trayectorias oníricas
con mis brazos en el colchón,
Mi ciego despertar cegado por el sol filtrado de mi ventana.
¿Me imaginaste?
¿Me pensaste?
No lo sé
¿Quizás lo hiciste al morder una manzana
o al escuchar llover?
¿Quizás al leer esto que te envié?
Quizás no lo dejaste de hacer
lunes, 31 de marzo de 2014
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