Bajas del camión. Ves un impulso pasar. Sabes que esta puede ser tu oportunidad. Síguelo Corre. No, correr no sirve. Apresúrate por la bici. Monta. Ve más rápido. Te lleva demasiada ventaja. Cuélgate de la ranfla del vecino que va pasando por ahí. Lo sigues por toda la avenida Chapultepec. Ves como se mete a un café.
Llegas, Dejas la bici. Entras
"no puede entrar vestido así, joven" dice el portero al cerrarte el paso.
Lo ignoras. Te toma de la ropa. Te arroja de regreso a la calle.
Te arremangas, besos tus nudillos. Entras. Nuevamente eres arrojado a la calle. No eres rival.
Intentas dialogar con el portero, convencerlo, amenazarlo, al final sólo funciona el soborno.
No ves a impulso por ningún lado. No está en el baño. Cuando entras en la cocina. Escuchas la puerta de emergencia cerrarse. Corres. Sales. Lo ves alejándose a toda velocidad, nunca lo podrás alcanzar a pie, es demasiado veloz. Aun no has terminado de pensar eso cuando ya se ha perdido en la negrura del callejón.
Al día siguiente lo esperas sobre Chapultepec. A la misma hora del día anterior lo ves pasar. Lo persigues, ahora se encuentran en igualdad de condiciones, sin ventajas. Rápidamente lo alcanzas, saltas de la bici y lo derribas. Intenta escapar pero lo retienes del cuello. Te intenta morder con sus colmillos. Aprietas. Te araña con sus garras. Te mantienes firme en su cuello. Te lacera con sus tentáculos, Aprietas más, más, hasta que su cuello truena.
Se convulsiona entre tus manos.
Abres la boca tan grande como una pesadilla y muerdes su único ojo, Arrancas su único ojo. Tragas su único ojo. Muerdes más, arrancas más, tragas más, Muerdes, arrancas, tragas, muerdes, arrancas, tragas.
Cuando ya no queda nada de él, sientas que la piel te quema. Subes en tu bicicleta. Vas hasta la casa de ella. Estás listo para hacerlo. Tocas. Ella abre.

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