martes, 27 de diciembre de 2011

Espera


Parte I

Son las seis de la tarde, pero el día se ha vuelto azul. Una nube, larga como el cielo, desfila por el horizonte y bloquea los últimos rayos de sol. Las sombras que se extienden por el laberinto de la ciudad son largas y frías. No falta mucho para que los arbotantes derramen su luz amarilla como la miel sobre las calles húmedas.

En una acera anónima, una mujer de rostro afilado y moreno sorbe café tan negro como su cabellera. Las manos de la mujer se han tornado azules por el frío. De su bolsa saca una cajetilla de cigarros. Lenta y temblorosamente enciende uno. Su mirada esta perdida en dirección al oeste. Su alma se encuentra igualmente en otro lugar. Piensa en él. Imagina cosas en tiempo condicional, contempla los "hubiera".

Fuma y bebe mecanicamente, a intervalos dulces y lentos. Sus movimientos son los de un robot melancólico. Para cuando ya no queda nada del cigarrillo es más noche que día; Los últimos tres sorbos en la taza están fríos; Su alma ha regresado a su cuerpo. Sus ojos cargan gruesas lagrimas que no deja escapar.

Se pone de pie. Deja el importe de su consumo y la propina sobre la mesa. Camina en dirección este. Solloza con cada paso. Sabe muy bien que el no llegará por más que espere. Sin embargo no pudo faltar a su promesa.

Aquel diciembre la mujer visitó el café casi a diario, cada tarde en la misma mesa, mirando en dirección al oeste. Pero la vida sigue y a nadie se puede esperar por siempre, menos cuando se sabe que no llegará

Parte II

Es un día de diciembre. Ella piensa que el mundo ha cambiado demasiado como para intentar comprenderlo. Ella también ha cambiado, su cabello se ha vuelto blanco, su rostro es diferente, su forma de andar, incluso su alma ya no es la misma. Camina con paso cansado. La vida ha convertido las amarguras de la juventud en tiernas melancolías.

Como hoy, muy de vez en cuando vista el café de su juventud. Se sienta en la misma mesa y con la mirada tierna y cansada mira en dirección al oeste. Imagina cosas en tiempo condicional. El corazón ya no se le rompe. Hace mucho ha dejado de maldecir al destino.

Mientras sorbe su café, un hombre alto y de rostro elegante se sienta a su lado. Es él, al fin ha llegado. Su rostro se ilumina con la sonrisa más amplia que ha tenido en años. El la toma de la mano y se excusa por la demora. Se levantan y caminan la calle anónima en dirección al oeste, hacia su juventud, los condicionales y los subjuntivos pasados


4 comentarios:

Elale dijo...

Epilogo

El encargado de la barra del café llama a emergencias desde el teléfono de la caja mientras el gerente le da masaje cardíaco a la viejita de la mesa tres. Esta llegaría demasiado tarde.

Lorraine Cerati dijo...

=)

Vitt dijo...

triste

AmanitaPunk dijo...

Ojala que el encuentro que yo espero llegue antes de convertirme en otra Penelope.

¿por qué deje de escribir?  habrá sido que ya no tenía una laptop funcional... que la pizzería se puso cada día más ruda, descubrir el tikto...