Sin embargo se, que las hojas amarillas mienten. Sus promesas de olvido carecen de seguridad, ni siquiera encierran un poco de fe. Pues aunque camine hasta acabarme las piernas o expire mi vida siempre la cargare.
La tengo tatuada más que mis vicios; Más profunda que las raíces del canto de Sapioriz. Fue su ausencia lo que me hizo cargar el revolver, Tu silencio me jaló el gatillo.
Lo peor es que la eternidad es el infinito susurrando tu nombre.
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