Alimentame la soledad, con silencio y con tu ausencia. Porque sólo se extraña a los muertos y tu estás viva apretando mi mano como si ya fuera el fin.
Regalame un encuentro accidental en las calles frías de alguna ciudad de nombre impronunciable, incluso si vas acompañado de un hombre alto y moreno. La calidez de reencontrarte y la sensación en la boca de una sonrisa incomoda por decirte adiós cuando debí haberte apretado contra mi.
Que me carcoman los recuerdos de todo lo que no hicimos (con su respectiva dosis de celos). Gritar tu nombre en sueños empapados de sudor frío, despertar a mitad de la noche y no querer ver al espejo que esta frente a la cama por miedo a toparme con tu recuerdo.
Regalame la nostalgia de tus dulces muslos cuando acaricie las piernas de alguna amante anónima; Comparar sus caricias torpes con las tuyas de satin; Recordar tus besos siempre que coma una fresa roja y carnosa. Un día algún amigo en común me dará noticias tuyas. No podré evitar sonreír con un dejo de tristeza; Me alegraré por ti sin dejar de hacerme uno o dos reproches.
Vete y que tu recuerdo se diluya cómo la crema en el café: perdiendo la definición para matizar el resto de mi existencia. Poco a poco te me tatuarás en el alma. Serás una religión y yo un mal devoto. Viviré la vida, agridulce por si misma, con una pizca de ti y del adiós sin punto final que iniciara hace años.
Un buen día de julio pasearé solitario por las calles de parís con la cabeza canosa para, frente a la terraza de un café, lamentarme el no haberte traído nunca. Un día de marzo veré tu sonrisa en la sonrisa de una nieta hipotética, aunque la única liga entre ustedes sea mi recuerdo.
Y un día que suene alguno de nuestros teléfonos para escucharnos del otro lado. Vernos en una replica del café de París al que nunca fuimos y hablar de los años que no estuvimos juntos, pasear como si tuviéramos 13 por los jardines de algún parque municipal, apenas rozando las manos por decoro.
Llevarte un ramito de flores los jueves antes de ir al café para escuchar canciones de Edith Piaf y charlar con dulzura de todo lo que no vivimos, pero que en las brumas de la edad se confundirá con los recuerdos más claros. Imaginar lo que no fue.
Que pase el tiempo que tenga que pasar. Y el que se quede más tiempo (que serás tú) llevé flores a la tumba del otro. Quizás en una de esas visitas al camposanto mi nieta, esa nieta hipotética que tiene tu sonrisa, este limpiando mi tumba y cruce miradas con tu nieto hipotético (quien te estaría acompañando) y quizás, sólo quizás ellos lleguen a ir a ese café de París en una tarde de julio. En tanto yo sonreiré de melancolía dentro de mi tumba porque siempre tendremos lo que no tuvimos.
1 comentario:
Me encantó, tu sabes como me llega todo esto. A mi lo que mas me desconsuela es que arrullaré a unos niños que no tendrán sus ojos y que no reirán como ríe él.
Te quiero Brocóli =3
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