martes, 13 de abril de 2010

sombras y jazz


Hombre - Mujer una ecuación simple, y a veces mas, a consideración del universo.

Lugar: Una pequeña bodega que hace las funciones de estudio, sala de ensayos y centro de reunión social, siendo aquella tarde, la segunda opcion.

El hombre: sentado en una silla; rasguea su guitarra, perdido en la melodía manouchera del clásico de Consuelo Velázquez, las curvas contoneantes de su acompañante femenina y el sonido de su voz.

Mujer, de pie plantada frente al microfono con la postura de una reina, cantando con el flow jazzistico propio de aquella versión, concentrada en las curvas de la canción. Imaginando caricias propiciadas por los ojos de su acompañante masculino.

No hay que ser un narrador para saber que aquellos dos se traían algo bastante obvio, pero en lo que ninguno de los dos se había atrevido a dar un primer paso, el mas importante de todos.

Hombre, siente el impulso de ponerse de pie, dejar la guitarra a un lado y tomarla por la cintura, girarla sobre si misma, mirarla a los ojos, pero por un lado esta el miedo al rechazo, por el otro, esa cinturita de avispa que lo esta haciendo enloquecer.

Siente que le tocan el hombro. Al volver la mirada se topa con su sombra en posición de "¿me dejas tocar?"

El hombre un poco sorprendido le da la guitarra.

Su sombra sabe tocar; ocupa su lugar sin perder el ritmo ni cometer errores.

El hombre de pie y sin nada que hacer, se acomoda el cabello y camina hacia ella.

La sombra de la mujer se acerca y la desplaza, plagiando el microfono. La mujer, algo sorprendida por este irreal acontecimiento, busca a su músico acompñante, pero en la silla donde debería de estar sentado, encuentra la sombra del mismo ejecutando la guitarra.

La mujer, asustada, giró en busca del hombre. El hombre le tomó la mano y la calmó con una sonrisa.

Él hizo un ligero movimiento de cabeza que en todo el mundo occidental se pudo interpretar como un "¿bailamos?"

La mujer respondió a esta muda invitación una sonrisa del mismo tipo que acababa de recibir.

Manos del hombre al talle de la mujer, los brazos de la mujer alrededor de su cuello.

Se balanceron en un cuadrito de 25x25.

Ella recargó su cabeza en el pecho de él, sensación agradable para los dos.

Con el ultimo coro, al fin, hicieron caso de la letra de la canción y tuvo lugar lo tan largamente sugerido y querido por los dos.

La canción termina... se separan un poco y sin decir nada, ambos le dirigen una mirada a las sombras, una mirada de "echame otra".

Bailando en aquella bodeguita, hasta el amanecer...

No hay necesidad de decir que paso el resto de la noche, después de todo, cuando se tiene una situación "hombre-mujer" las cosas no son tan complicadas como todo el mundo dice que son.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Ai ahora si se acelero mi corazón...

Persefone Kali...

¿por qué deje de escribir?  habrá sido que ya no tenía una laptop funcional... que la pizzería se puso cada día más ruda, descubrir el tikto...