
El despertador del celular sonó con la marcha imperial versión reggae, despertando a Frattello Godinez. Se levantó de la cama con un salto. La regadera de Ivonne era una joya, bañarse en ella era casi tan bueno como compartir la cama con Ivonne.
No se quedó a desayunar a pesar de que Ivonne estaba por terminar de apilar la primer docena de hotcakes. Se disculpo con la excusa del trabajo.
Fratello, salió del departamento, dejando a Ivonne con 6 hotcakes de sobra y el corazón un poco mas magullado, como cada martes.
"un día debería de quedarme a almorzar con Ivonne" pensó, pero se vio interrumpidó por el claxon de Aleja antes de formar cualquier determinación. Iban por la calzada Benito Juarez, Aleja hablaba sin cesar de algún tema cotidiano. Fratello divagaba.
Pararon en el piguino, motel preferido de Fratello, para tener su encuentro diario.
Llegaron al trabajo 5 minutos antes de su hora de checar. Aleja enfiló a su oficina. Fratello suspiró al verla alejarse y sintió el hueco de su pecho ensancharse dolorosas micras.
Pasó el resto de la mañana afinando los detalles de la presentación que tenía preparada para ese día.
En punto de las 5 de la tarde concluía la presentación. Los ejecutivos de la firma aplaudían con entusiasmo sincero la propuesta presentada por el departamento de Fratello. Mas de uno estrechó su mano y prometió brindar todo el apoyo necesario.
Juanita felicitaba a Fratello, no solo lo felicitaba, le dirigió un par de indirectas que lo hicieron sonrojar. El escritorio fue el altar donde Juanita lo sacrificó para su propio placer.
"ya puedes irte" fue la frase que destrozó el orgullo de Fratello.
Fuera de la oficina de su jefa, le pareció escuchar un triste piano. Se trataba de un teléfono celular olvidado en el mar de cubículos. La mayoría de los empleados se habían ido ya, y en el edificio solo quedaban algunos ejecutivos de nivel medio y el personal de limpieza.
Tomó las escaleras. Se encontró con Ivonne, no era la Ivonne que había abandonado antes de almorzar aquella mañana, era la Ivonne de limpieza. Ella y Fratello habían tenido algo en alguna ocasión, y de vez en cuando lo repetían. Aquel era martes de repetición.
Fratello tomó un taxi.
"Calle madero por favor, al 999" dijo con notable abandono.
Ivonne de limpieza era una persona dulce, pero con él, sobre después de sus encuentros, era una reina de hielo y eso no dejaba de cansarlo.
Llegó frente a la mas famosa casa de la zona.
En el interior contrastaban la cara fratello y el ambiente de fiesta.
Preguntó por Edith. Se encontraba con un cliente. Optó por esperarla.
En la casa sonaba el jazz, y las damas que ahí trabajan bailaban al compas de la música, los clientes se unian a la fiesta, invitaban tragos y eventualmente se iban a alguno de los cuartos de arriba. Fratello no.
Él estaba se sentó en un sillon de terciopelo rojo y esperó a Edith. Ninguna de las chicas libres se acercó siquiera, todas sabían a quien quería, una insinuación sería una perdida de tiempo.
Pasada media hora Edith lo sorprendio por el brazo, le dio un vaso de ginebra y lo condujo al cuarto de siempre sin decir una palabra.
En el cuarto, Edith se despojó de su vestido carmesí. Fratello se aflojó la corbata y desabrochó la camisa.
Edith lo abrazo y jugó con el cabello de su cliente.
"que pasa ¿hoy estas muy triste?" preguntó Edith: la de las piernas largas, pero también la de la voz mas dulce y de corazón mas noble.
Fratello le contó de su día, de cada mujer, de su presentación, del hueco en su pecho, de los hotcakes de Ivonne y la frialdad de la otra Ivonne.
Edith lo escuchaba romperse en mil pedazos. Entre sus brazos estaba el niño mas triste y solitario del mundo, pero como siempre, tenía guardadas las palabras exactas para vendarle el corazón.
Edith, tomó la cara de Fratello entre sus delicadas manos y lo besó con la inocencia de un roce adolescente.
Fratello se quedó dormido en los brazos de Edith, como en cada visita; soñó que alguien lo quería, como en cada visita.
