
Desde el segundo piso contemplaba el espectaculo de luces originado por las batallas del centro de la ciudad, periferia y colonias populares, asi como de las vialidades mas importantes de la metropolis.
De todos los flancos se escuchaba el sonido lejano, a veces un poco mas cercano, de bombas y metralla.
Cigarro entre anular e indice, le daba el ultimo toque al ultimo de la cajetilla.
Salio sin importar que durante los ultimos minutos el sonido de camionetas a toda velocidad y pistolas siendo vaciadas se hubiera acercado un poco al barrio.
Camino tranquilamente bajo la luz amarilla de los arbotantes en direccion de la tienda de Don Vicente, el anciano casi senil e inservible para todo salvo atender en el negocio que le habia sido heredado por su padre hacia medio siglo. Sin importar lluvia, tolvanera, calor, frio o balacera, la tienda de Don Vicente estaba siempre abierta hasta las 11 de la noche. Ademas era la unica tienda del sector que vendian tabaco tostado. Tambien se llevo un litro de leche y un paquete de kool aid sabor fresa.
Los sonidos de combate se seguian acercando.
Penso en llegar a comprar una pizza en la panaderia de Don Marcelino pero estaba cerrada, tendria que inventarse algo de cenar.
El viento soplaba tenue y fresco, pero los sonidos del enfrentamiento armado incrementaban su intensidad a cada paso, sonidos que destrozaban la belleza de la noche en la zona centro.
A la vuelta de la esquina encontro con horror, dos comandos enfrentandose en lados opuestos de la cuadra, vaciando municiones, una neblina de humo daba a la escena un toque onirico, gritos de dolor de los heridos, sangre corriendo por el pavimento, pedazos de las fachadas de las casas volando por el impacto de las balas.
No le gustaba la violencia, no le gustaba que dañaran el barrio que tanto queria.
Saco un cigarro, el primero de la cajetilla, lo encendio. De un toque con el que consumio la mitad, sin exhalar dio el segundo toque para consumir el resto del tabaco hasta el borde del filtro.
De la boca exhalo lentamente el humo del cigarro recien fumado, humo que se expandia en el espacio segun ecuaciones arcanas, describiendo angulos no euclidianos, desplazandose d a raz del suelo y subiendo casi hasta la altura de los arbotantes.
El humo se movia como si danzara al ritmo de una musica inaudible. Al mismo ritmo se desplazo danzante y burlonamente hasta los cuellos de cada uno de los pistoleros involucrados en la batalla.
Con el mismo ritmo el humo rompio los cuellos, extrangulo, corto y decapito a los pistoleros.
En cuestion de pocos segundos el sonido de los cuernos de chivo fue reemplazado por el de gritos ahogados finalizando en silencio sepulcral.
El humo se disipo.
Tosio un poco y continuo el camino de regreso a su casa sorteando la multitud de nuevos difuntos y pensando que el tabaco realmente mata.
En otros puntos de la ciudad la guerra del submundo continuo toda la noche, enmarcada por el olor de jazmines de primavera, polvora y sangre.
